Datastar opera en en gran parte de Latinoamérica. Y Perú no es una filial más: es el primer hub regional donde la empresa decidió apostar con presencia y oficinas 100% locales. Eso tiene un peso enorme y, como argentino viviendo en Lima, lo siento cada día.
Llevamos cuatro años construyendo esto desde adentro: Oficinas en el Centro Empresarial Real de San Isidro, un equipo local en Ventas, Preventa y Operaciones, y un crecimiento financiero sistemático año sobre año. La cartera de clientes -tanto en sector público como privado- creció de forma exponencial, y nuestro rol como Integradores nos permite ir donde pocos pueden: soluciones de alta complejidad con valor agregado concreto y real.
Pero esto no es solo un reconocimiento. Es también una responsabilidad que se siente permanentemente.
El mercado peruano tiene sus propias reglas. Los ciclos de venta son largos, la exigencia es alta y la competencia obliga a estar siempre un paso adelante.
Al mismo tiempo, construir un equipo local desde cero tiene sus desafíos: no alcanza con contratar talento, hay que forjar cultura, confianza y una forma de hacer las cosas que sea genuinamente datastareana pero adaptada al país.
Y sin embargo, cuando miro atrás, lo que más me sorprende es lo que Perú nos devolvió. Las oportunidades que todavía están sin explotar, los clientes que empezaron a confiar en nosotros para decisiones críticas, los proyectos que parecían imposibles y se cerraron.
Pero si hay algo que no estaba en ningún plan de negocios, es lo que me dio Lima a nivel personal.
Lo que no esperaba era la calidez con la que me recibieron los peruanos. Y si bien obviamente uno extraña Argentina y a los suyos, aprender a convivir con la distancia es mucho más fácil cuando la gente que te rodea tiene valores y siempre está disponible para un fútbol o una cerveza.
Nuestro compromiso sigue estando en traer a Perú esos casos de éxito que pusieron a Datastar en el mapa. Esto recién empieza...



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